Bailar no siempre empieza con saber seguir el ritmo. Para muchas mujeres, el primer paso puede ser simplemente animarse a hacerlo, dejar de pensar en cómo se ven los demás y permitirse disfrutar del movimiento.
Más allá de la actividad física, bailar puede convertirse en un espacio para salir de la rutina, aprender algo nuevo y descubrir capacidades que quizá estaban en segundo plano. Esa experiencia puede contribuir a fortalecer la seguridad personal y mejorar la relación con el propio cuerpo.
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De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las actividades artísticas, entre ellas la danza, pueden contribuir al bienestar físico y emocional y favorecer la interacción social. Por ello, el baile puede ser una alternativa para mantenerse activa mientras se disfruta de una actividad que también permite expresarse y conectar con otras personas.
“Cuando una mujer se permite bailar, también se está dando la oportunidad de salir de su zona de confort, de descubrir que puede aprender algo nuevo y de sentirse bien con ella misma. No se trata de hacerlo perfecto, sino de disfrutar el proceso y reconocer todo lo que es capaz de hacer”, señala Mayela Cano, fundadora y coach de Power Dance, comunidad de baile para mujeres con más de tres años de trayectoria.
Más allá de los beneficios que tiene mantenerse físicamente activa, el baile puede generar pequeñas experiencias que, con el tiempo, ayudan a fortalecer la confianza y la relación con una misma. Desde atreverse a empezar hasta compartir una actividad con otras mujeres, estos son cinco aspectos que pueden hacer del movimiento una experiencia que va más allá del ejercicio:
1. Atreverse a empezar
No saber bailar, sentir que no se tiene ritmo o pensar que las demás lo harán mejor son algunas de las barreras que pueden aparecer al comenzar. Dar el primer paso permite salir de la rutina y descubrir que no es necesario tener experiencia previa para disfrutar del movimiento.
2. Dejar de compararse
Cada persona tiene un ritmo, una coordinación y una forma distinta de expresarse. En una actividad grupal, concentrarse en el propio proceso en lugar de compararse con los demás ayuda a reconocer los avances y valorar las capacidades individuales.
3. Reconectar con el propio cuerpo
El movimiento permite prestar atención a cómo se siente el cuerpo y cómo responde ante una actividad física. Esta conexión también puede ayudar a cambiar la mirada sobre él: no solo como algo que debe cumplir determinados estándares, sino como una herramienta para moverse, expresarse y disfrutar.
4. Aprender algo nuevo
Seguir una coreografía implica memorizar movimientos, coordinar pasos y superar pequeños desafíos. Cada logro, incluso uno sencillo, puede reforzar la sensación de capacidad y motivar a continuar aprendiendo.
5. Compartir con otras mujeres
El bienestar también puede construirse en compañía. Compartir una actividad, aprender juntas y celebrar los avances de otras personas genera espacios de conexión que pueden hacer que mantenerse activas resulte más agradable y sostenible.
Un espacio para una misma
Para Mayela Cano, el baile también puede convertirse en un momento que las mujeres se regalan a sí mismas dentro de sus múltiples responsabilidades.
“A veces creemos que para sentirnos poderosas tenemos que lograr algo extraordinario, cuando también podemos empezar por algo tan sencillo como darnos un espacio, movernos, disfrutar y hacer algo que nos haga bien. El poder lo tienes tú”, concluye.
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