Este 29 de enero, llega a los cines “La Exorcista”, una película de horror que se adentra en el terreno de la posesión demoníaca desde una perspectiva más íntima, oscura y autoral. Lejos de los clichés del género, el filme apuesta por una narrativa inquietante que se construye desde la tensión emocional y la pérdida progresiva de control.
La historia sigue a una joven que comienza a manifestar comportamientos cada vez más violentos y desconcertantes. Lo que en un inicio parece un trastorno clínico pronto se convierte en una pesadilla sin explicación lógica. La medicina tradicional fracasa, los diagnósticos se contradicen y los supuestos expertos en exorcismos resultan impotentes frente a una presencia que se apodera tanto de su cuerpo como de su mente.
A medida que la situación se vuelve insostenible, la frontera entre lo racional y lo sobrenatural se desdibuja por completo. El miedo no solo se manifiesta en lo físico, sino también en el desgaste psicológico de quienes rodean a la joven, atrapados en una espiral de desesperación, culpa y silencio.
Una monja y un exorcismo que desafía la tradición
Uno de los aspectos más singulares de “La Exorcista” es la figura central de una monja que decide intervenir cuando todos los métodos convencionales han fallado. El ritual de exorcismo llevado a cabo por una mujer consagrada —algo poco habitual en el cine de terror— aporta una dimensión novedosa y perturbadora al relato.
Históricamente, este tipo de rituales fueron representados en pantalla como prácticas exclusivas de sacerdotes u obispos. Sin embargo, la película se apoya en un contexto real: en los últimos años, la Iglesia Católica ha comenzado a formar a monjas ante el aumento de supuestos casos de posesión, un detalle que el filme incorpora para reforzar su verosimilitud y profundidad temática.
Este enfoque no solo renueva el imaginario del exorcismo en el cine, sino que también introduce una reflexión sobre la fe, el sacrificio y el rol de la mujer dentro de las estructuras religiosas.
Lejos del terror efectista y los sobresaltos fáciles, “La Exorcista” construye una atmósfera opresiva y sostenida. El miedo se instala de manera progresiva, alimentado por el deterioro emocional de los personajes, el silencio inquietante y la sensación constante de amenaza. La película apuesta por incomodar al espectador, manteniéndolo en un estado de tensión permanente más allá del susto inmediato.
Con una propuesta oscura, tensa y perturbadora, “La Exorcista” se perfila como una de las apuestas de terror más inquietantes de la temporada, ideal para quienes buscan una experiencia intensa que deje huella mucho después de que se enciendan las luces de la sala.
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